Lo mejor de nuestra vida... ¡aún está por ocurrir!
Ya se pasaron las Navidades. Volando. Y me alegro. Me ponen bastante... triste... susceptible... no sé muy bien; lo que sé es que no es felicidad lo que siento. Ese supuesto espíritu de la Navidad, que hace que todo el mundo se desee lo mejor, que se brinde por ello, y se derrochen sonrisas y buenas intenciones debería durar todo el año. Pero no es así. Parece que cuando metemos en las cajas el árbol, las figuritas del Belén y demás adornos, también se cuela en ellas ese espíritu, agotado ya de derrochar simpatía. Se le cuelga el cartel de vacaciones, otra vez cada uno a lo suyo y... ¡A triunfar en las rebajas! (A ver si se cree la tía que me va a quitar esta ganga. La meto un codazo...). Además, ya se sabe, es inevitable notar las ausencias, y es extraño sentirse triste cuando parece que todo te obliga a estar feliz.
Bueno, pero ya está (tranquila, ya pasó, ya pasó... acariciándome la cabeza, tipo madre-niña pequeña), ¡se acabó!. Hay que ponerse las pilas y sacudirse la tristeza o lo que fuera eso. Hay que estudiar... hay que trabajar... hay que volver a la vida real. ¡Qué gusto!, aunque parezca mentira. Al menos, esta vida es un poco menos cínica e hipócrita. Algo es algo.
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coletilla viene...coletilla va dijo
Algo es algo, dijo un calvo. Y se encontró un peine sin púas...
9 Enero 2006 | 03:11 PM